viernes, 12 de agosto de 2011

Celularmente inestable

Una losa pulida con la forma de mi espalda, corrigiéndome la pose, impidiendo que me caiga hacia atrás, forzando una rectitud ridícula del cuerpo. Empiezo a hablarte, me quedo frío, enterrado entre la pared y tu. Hervido por dentro, nuevo de pies a cabeza, celularmente inestable, blando, tan caliente e irreal.
Los chispazos de las neuronas y los latigazos del corazón bombean nieve. Las manos ardiendo, los ojos fuera del cuerpo, el estómago en bandeja de plata fría. Y sigues ahí, ingrávidamente, sólo mirada. Cualquier movimiento o palabra se quedará grabada eternamente, se filtrará en el suelo, por los siglos de los siglos, geológicamente eterna, hasta el centro, si tu quieres, y si tu


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