viernes, 19 de agosto de 2011

La eternidad

Que vengas a cuidarme y me traigas un vaso de agua limpia, me ayudes a tomarla, sagrada y lentamente. Que me arropes y me acaricies la cabeza, me mires tranquila y apagues la luz. Que dejes tu olor conmigo. Que vea la luz del pasillo encendida y te note respirar incluso lejos, en el limpio salón de nuestra casa. Que me imagine tu pelo desenvolverse lentamente mientras yo deslizo el velo del sueño y entro en él. Que repose sobre mi pecho la paz que hemos recogido juntos, un animal y una hoja de un árbol siempre verde. Que vengas a verme cuando duerma, y me recojas el aliento, te sientes a mi lado besándome la mano y me veles recostada junto a mi, sin decir ni hacer, dejando reposar el mundo y la noche, nuestra vida. No haría falta despertarse, no haría falta más. Que todo se detuviese y se fosilizase, que fuésemos una roca indestructible hasta la eternidad, en un suspiro de reposo compartido

3 comentarios:

Cristina dijo...

Por fin vuelves a estos lares, escribiendo con asiduidad...espero seguir leyéndote

un saludo

Emilio dijo...

No me esperaba un comentario tuyo. Me ha hecho mucha ilusión.
Como siempre, el trabajo me aprisiona y no me deja margen para escribir, pero ahora soy un hombre nuevo y todo es posible.
Gracias Cristina, me has alegrado la noche ;)

Cristina dijo...

Cuánto silencio hay aquí!no dices nada...