martes, 16 de agosto de 2011

Otros

El niño de Capote que se queda mirando en Otras voces, otros ámbitos, el pecho dulce y blanco de Meryl Streep en los Puentes de Madison, la punta del bolígrafo que dibuja cuerpos y sangre en la libreta Moleskine de Patrick Bateman, la abrumadora conmoción del olfato para Grenouille en el Perfume, un paño blanco que guardaba Sinuhé el Egipcio en un cajón de ébano, un Chianti para brindar en la bodega del Conde de Montecristo, el olor a caballo de Rocinante bajo el sol manchego, el final del grito, ya sin aire ni pronunciación humana, de Hamlet, el bellísimo bordado del vestido de la princesa de Drácula, las fotos sumergidas en el arroyo del sueño de Stalker, el cuento del fortín que Barry Lyndon cuenta a su hijo por última vez, el whisky que sin fuerza sujeta Bill Murray en Lost in translation, el tacto rugoso de las palabras que pronuncia Emma Thompson en Amar la vida, la sangre de la perra de Pascual Duarte, el casco de hierro abollado de Aguirre y la cólera de Dios, la ciudad ciega y de noche en Ensayo sobre la ceguera.  Mi marcapáginas de Vermeer detenido en la misma página sin letras

No hay comentarios: