martes, 16 de agosto de 2011

Paseo con la compra

En una mano, una bolsa de plástico semitransparente hecha de almidón de patata, biodegradeble de 0,02 cent de € donde llevo la compra: Una limonada sin refrigerar, unos kiwis envasados en bandeja, pan integral light sin corteza y una rodaja fresca de emperador. Mi cena equilibrada en soledad.

La otra mano libre, remando el viento de mi costado izquierdo, haciendo el giro perfecto de la mano que camina y acompaña al cuerpo. Subo por la cuesta. El sol de Agosto está tamizado por nubes blancas y espesas que parecen derretirse y convertirse en almíbar, en caramelo negro al tocar el suelo.

Llevo unas alpargatas de verde apagado y esparto ibicenco. Un short de Zara blanco a rayas azules finas. Un cinturón de cuero trenzado a mano, de un viejo amigo del pueblo que aprendió a curtir mientras se desintoxicaba. Una camisa crema del algodón más fino que existe, casi vapor, aroma de vainilla. Unas gafas de cristal negro y montura de acero sin marca que me encontré en mi viaje por la costa azul aquel verano eterno de playas y sal entre tus muslos.

Desde los balcones vacios parece sonar una canción hermosa de berbena, una rumba fácil y melancólica como las que sonaban en mi pueblo cuando empezaba a anochecer. Siento tantísimo calor y emoción sin explicar. Siento arder, un cristal en la boca, el metálico sabor de la sangre escurrir vertiginoso. Siento el pico de un ave penetrar en mi corazón, separando sin criterio ni cuidado, el dolor de la felicidad.

1 comentario:

Isla dijo...

magnifico. mediterraneo. todo esplendor,incluso ,o sobre todo, por las ultimas lineas, finisimas, de la clara pureza del dolor. maravilla poetica. felicidades.